Tu página web lleva años sin tocarse: qué hacer con ella
Horario viejo, precios de 2021, un teléfono que ya nadie contesta. Cómo revisar tu sitio abandonado y decidir si arreglarlo, rehacerlo o apagarlo.
Hay páginas web que nadie apagó, pero que tampoco cuida nadie. Siguen en línea con el horario de antes de la pandemia, la foto del local anterior y un teléfono que ya no existe. El dueño ni se acuerda de la contraseña.
El problema es que tu cliente no sabe que el sitio está abandonado. Lo encuentra en Google, lo lee y se lo cree.
Esta guía es para revisar ese sitio con calma y decidir qué hacer con él. No hace falta saber nada técnico. Basta con tu celular y unos quince minutos.
Cómo se ve un sitio abandonado desde afuera
Un consultorio dental en Monterrey se cambia de colonia. Actualiza su perfil de Google, pero no la página web. Durante meses, algunos pacientes llegan a la dirección vieja, se encuentran una cortina cerrada y llaman molestos. Otros no llaman. Se van con otro dentista.
Una taquería en Puebla sube precios, pero en el sitio sigue el menú de hace tres años. Cada semana alguien reclama en la caja porque «en internet decía otra cosa».
Ninguno de los dos negocios hizo nada mal en el día a día. Solo se les olvidó que la página también habla por ellos, aunque nadie la esté viendo.
Otras señales que el cliente nota aunque tú ya no las veas:
- Un «© 2019» en la parte de abajo.
- Un aviso de «Próximamente: tienda en línea» que nunca llegó.
- Fotos de platillos o productos que ya no vendes.
- El navegador marca el sitio como «No seguro».
- En el celular hay que hacer zoom para leer.
Cualquiera de estas le dice al cliente algo muy simple: aquí nadie está al pendiente.
La revisión de 15 minutos
Hazla desde tu celular, no desde la computadora. Así es como te ven casi todos tus clientes.
- Busca tu negocio en Google como lo haría alguien que no te conoce. Entra a tu sitio desde ahí.
- Llama al teléfono que aparece. ¿Contesta alguien de tu negocio?
- Manda un mensaje al WhatsApp del sitio. ¿Te llega a ti o a un número viejo?
- Toca la dirección. ¿El mapa te lleva a tu local de hoy?
- Lee horarios y precios como si fueras cliente. ¿Coinciden con lo que cobras y cuando abres?
- Llena el formulario de contacto con tus datos. ¿A qué correo llegó? ¿Llegó?
- Fíjate en la barra de arriba. Si dice «No seguro», el certificado de seguridad venció o nunca se instaló.
Anota todo lo que esté mal. Esa lista es tu punto de partida.
Antes de cambiar nada, recupera las llaves
Aquí es donde se atoran la mayoría de los negocios. Para arreglar un sitio necesitas tres cosas, y muchas veces no tienes ninguna.
El dominio. Es tu dirección en internet (tunegocio.mx). Necesitas saber a nombre de quién está, con qué empresa se registró y cuándo vence. Si es un dominio .mx, puedes buscarlo en el sitio de Akky, que es quien administra esa terminación en México, y ver algunos datos del registro.
El hosting. Es donde vive el sitio. Alguien lo está pagando, probablemente con una tarjeta. Busca en tu correo palabras como «renovación», «hosting» o «dominio» y revisa los cargos recurrentes de tu tarjeta de hace un año.
El acceso para editar. Usuario y contraseña del panel donde se cambian textos y fotos.
Es muy común que todo esté a nombre del sobrino que hizo la página, o de un freelance que ya no contesta. Si es tu caso, escríbele con calma y pide que te transfiera el dominio a nombre de tu negocio. Es tu nombre comercial y deberías tenerlo tú. Si no responde, un proveedor nuevo puede ayudarte con el trámite, pero toma más tiempo.
Sin estas llaves, cualquier plan que hagas se queda en el papel.
Arreglar, rehacer o apagar
Con la revisión hecha y los accesos en mano, ya puedes decidir.
Arréglalo si el sitio se ve bien en el celular, tienes cómo editarlo y lo único malo son datos viejos. Cambiar un horario, un teléfono o una foto es trabajo de una tarde. No hace falta gastar más.
Rehazlo cuando:
- En el celular se ve encogido o hay que hacer zoom.
- Nadie sabe cómo editarlo, ni siquiera quien lo hizo.
- Se hizo con una herramienta que ya no existe o que ya no recibe actualizaciones.
- Tu negocio cambió. Antes eras taller de hojalatería y ahora también haces mecánica general, o el despacho que era de un contador ahora tiene cuatro socios.
En estos casos, parchar sale más caro que empezar de nuevo, porque cada cambio pequeño se vuelve un problema.
Apágalo solo si de verdad no puedes mantenerlo y está mandando clientes al lugar equivocado. Un sitio con la dirección mal hace más daño que no tener sitio. Pero ojo: apagar el sitio no es soltar el dominio. Sigue renovándolo. Si lo dejas vencer, cualquiera lo puede comprar, incluida la competencia. Mientras decides qué hacer, puedes hacer que el dominio mande a tu perfil de Google o a tu Instagram.
Si lo vas a rehacer, no tires todo
Un sitio viejo tiene cosas que valen, aunque no lo parezca.
El dominio, sobre todo. Lleva años funcionando y Google ya lo conoce. Cambiarlo por uno nuevo es empezar de cero en las búsquedas.
Las direcciones de las páginas que ya aparecen en Google. Si tu página de «Servicios» ya sale en búsquedas y el sitio nuevo la cambia de lugar, pide a quien lo haga que redirija la dirección vieja a la nueva. Así no pierdes lo que ya tenías ganado. Es una pregunta que vale la pena hacer antes de contratar.
Textos que sí funcionaban. Si tus clientes siempre te dicen «vi en su página que atienden a domicilio», esa frase se queda.
Testimonios y fotos buenas. Una foto real de tu equipo le gana a cualquier imagen de banco.
Cómo evitar que vuelva a pasar
Un sitio no se queda viejo de un día para otro. Se queda viejo un cambio a la vez: primero el horario, luego el teléfono, luego los precios.
Lo que funciona es muy poco:
- Una persona responsable. No «el equipo», no «el que sepa». Un nombre. Puede ser tu recepcionista, tu socio o tú.
- Una regla simple: cuando algo cambia en el negocio, cambia en el sitio el mismo día. Nuevo horario, nuevo precio, nuevo servicio.
- Un recordatorio cada tres meses en el celular para repetir la revisión de 15 minutos de arriba.
- Un calendario con la fecha de vencimiento del dominio y del hosting, con aviso un mes antes.
También ayuda que tu perfil de Google, tu Instagram y tu página digan lo mismo. Cuando el cliente ve un horario en un lado y otro distinto en el otro, no sabe a cuál creerle y termina por no ir.
Si después de la revisión te quedó claro que toca empezar de nuevo, en cheapweb puedes ver cómo quedaría tu sitio antes de decidir nada, y revisar nuestros precios para compararlos con lo que te cotice cualquier otro.