Qué preguntarle a quien te va a hacer la página web antes de pagarle
Las preguntas que conviene hacer antes de dar el anticipo: quién escribe los textos, cuántos cambios entran, quién tiene las claves y qué pasa si no te gusta.
Casi todo lo que sale mal con una página web ya se podía ver en la primera plática. No en el portafolio ni en el precio, sino en cómo te contestaron cuatro o cinco preguntas que casi nadie hace, por pena o porque no sabía que había que hacerlas.
Un caso típico: la dueña de una estética en Querétaro da el anticipo un lunes. Tres semanas después le escriben para pedirle «los textos de cada servicio y unas 15 fotos». Nadie le dijo que eso le tocaba a ella. Entre clientas y quincenas, el proyecto se queda congelado dos meses, y cuando por fin se retoma, el diseñador ya está con otros trabajos.
Nadie engañó a nadie. Simplemente nadie preguntó a tiempo.
Aquí van las preguntas, agrupadas por momento. No necesitas hacerlas todas en la primera llamada, pero sí antes de transferir un peso.
Lo que te van a pedir a ti
Una página no se hace sola con el pago. Alguien tiene que decir qué vendes, cuánto cuesta, a qué hora abres y cómo se llega.
¿Qué necesitas de mí y para cuándo? Pide la lista completa: logo, fotos, textos, horarios, lista de servicios o productos, precios si los vas a publicar. Y pregunta qué pasa si no los tienes.
¿Quién escribe los textos? Si los escriben ellos, pregunta cómo: ¿te hacen una entrevista de media hora, te mandan un cuestionario, o copian lo de tu Facebook? Si los escribes tú, pregunta si alguien los revisa antes de publicarlos. Un texto con faltas de ortografía en la página de un despacho contable se nota más que en una publicación de Instagram.
¿Las fotos de dónde salen? Si te proponen fotos de banco, pide ver cuáles. Un taller mecánico en Hermosillo con fotos de un taller alemán impecable no engaña a nadie que haya pasado por la calle.
Cómo va a ir el trabajo
¿Cuándo veo algo por primera vez? No «pronto». Una fecha. Muchos proyectos se atoran porque el cliente ve la página hasta que está casi terminada y ahí descubre que no era lo que imaginaba.
¿Cuántas rondas de cambios entran? Y, sobre todo, ¿qué cuenta como cambio? Cambiar un teléfono es una cosa. Pedir que todo el diseño sea otro color y con otra estructura es otra. Si eso no queda claro desde el principio, la discusión llega al final, cuando ya pagaste casi todo.
¿Qué pasa si no me gusta? Es incómodo de preguntar, pero la respuesta te dice mucho. Alguien con un proceso claro te va a explicar en qué momento puedes corregir el rumbo. Alguien sin proceso se va a ofender.
Lo que vas a recibir
¿Me enseñas páginas que hayas hecho, en tu celular? No capturas de pantalla ni un PDF de portafolio. Pide los enlaces y ábrelos tú, en tu teléfono, con tus datos móviles. Toca el botón de llamar. Manda el formulario de contacto. Si en una página que ya está publicada el formulario no funciona, la tuya puede terminar igual.
¿A dónde llegan los mensajes del formulario? Parece obvio y no lo es. Hay formularios que mandan los mensajes a un correo que nadie revisa, o al correo del diseñador. Pregunta a qué correo o a qué WhatsApp va a llegar cada mensaje, y pide que hagan una prueba frente a ti el día de la entrega.
¿Quién va a tener las contraseñas? Pide que al final te entreguen por escrito la lista de accesos: dónde está registrado el dominio, dónde está el hosting, cómo entras al correo, y si te dan de alta tu ficha de Google o alguna herramienta para medir visitas, quién es el dueño de esa cuenta. Puedes no saber qué hacer con esos accesos. Igual tienen que ser tuyos.
Lo que pasa después de la entrega
Aquí es donde se decide si compraste un sitio o un archivo.
Si mañana cambio de horario, ¿cuánto tarda y cuánto me cuesta? Pregunta con un ejemplo concreto. Un consultorio dental en Monterrey cambia de horario en diciembre, sube el precio de una limpieza en enero, contrata a otra doctora en marzo. Esos cambios van a pasar. Lo que importa es si cuestan una llamada o una cotización nueva.
¿Por dónde te busco y en cuánto me contestas? WhatsApp, correo, teléfono. Y un tiempo aproximado de respuesta. No hace falta que sea inmediato, hace falta que sea cierto.
¿Cuánto cuesta el segundo año? El dominio y el hosting se renuevan cada año. Si la cotización dice «primer año incluido», pide el número exacto de la renovación por escrito. De este tema y de a nombre de quién debe quedar el dominio ya escribimos con detalle en otras notas del blog, así que aquí basta con no olvidarlo.
El dinero
¿Cuánto es de anticipo y qué pasa con él si el proyecto no avanza? Si el proyecto se detiene por tu culpa (no mandaste fotos en tres meses), es razonable que no te lo devuelvan. Si se detiene porque el proveedor desapareció, debería estar claro qué te regresan o qué te entregan.
¿El precio incluye IVA? ¿Me das factura? Si necesitas deducirlo, pregúntalo antes. Hay quien cotiza sin IVA y lo agrega al final, y hay quien no factura.
¿Hay algo que se cobre aparte? Fotos, textos, correos con tu dominio, formularios, mapas, versiones en otro idioma. Que te digan qué queda fuera, no solo qué entra.
Cómo leer las respuestas
No esperes respuestas perfectas. Un freelance que trabaja solo no va a tener el mismo proceso que una agencia con diez personas, y no tiene por qué.
Lo que sí importa es el tono. Hay respuestas que te tranquilizan aunque no sean las que querías: «no incluye textos, pero te mando una guía con preguntas para que los escribas en una tarde». Y hay respuestas que deberían preocuparte aunque suenen amables: «eso ya lo vemos», «no te preocupes», «depende».
Una regla sencilla: pide que te manden por escrito, aunque sea en un mensaje de WhatsApp, lo que te dijeron en la llamada. Si alguien se resiste a poner por escrito lo que acaba de decir en voz alta, ya tienes tu respuesta.
Estas preguntas sirven para cualquier proveedor, incluidos nosotros. Si quieres comparar con algo concreto, en cheapweb puedes ver cómo quedaría tu sitio antes de hablar con nadie y revisar nuestros precios con la renovación a la vista.