Cuánto cuesta una página web para un salón de belleza y qué debe incluir
Qué sube o baja el precio de la página de tu salón, qué debe traer sí o sí y qué preguntar antes de firmar para no pagar de más el segundo año.
Una clienta nueva te encuentra en Instagram. Le gusta un balayage que subiste el martes. Antes de escribirte quiere saber tres cosas: cuánto cuesta más o menos, dónde estás y si tienes lugar el sábado.
Si para saberlo tiene que mandarte un DM y esperar, muchas veces no lo manda. Busca otro salón que sí le conteste eso de entrada.
Para eso sirve la página de un salón. No tiene que impresionar a nadie. Tiene que contestar esas preguntas en el celular, en menos de un minuto, y dejarle a la clienta un botón para apartar su cita.
Aquí va qué mueve el precio, qué no puede faltar y en qué se te puede ir el dinero después.
Qué hace que el precio suba o baje
Dos salones pueden pedir «una página web» y recibir cotizaciones muy distintas. Casi siempre la diferencia está en estos puntos:
- Cuántos servicios y cómo se presentan. Una barbería en Querétaro con ocho servicios cabe en una sola pantalla. Una estética en Guadalajara con corte, color, tratamientos, uñas, pestañas y maquillaje, cada uno con variantes por largo de cabello, necesita un menú ordenado por categorías. Más contenido es más trabajo.
- Cómo se agenda. Un botón que abre WhatsApp es sencillo. Un sistema de citas donde la clienta elige estilista, día y hora, y le llega un recordatorio, cuesta más de armar y casi siempre trae una mensualidad aparte del sistema.
- Sucursales. Si tienes dos o tres locales, cada uno necesita su dirección, horario, mapa y teléfono. A veces también su propio equipo y sus propios precios.
- Fotos. Si ya tienes fotos buenas de tu trabajo, el proveedor solo las acomoda. Si hay que hacer una sesión en el salón, eso se cobra.
- Venta de productos. Vender shampoo o kits de uñas en línea ya es una tienda: inventario, pagos, envíos. Es otro proyecto, con otro precio.
- Quién escribe los textos. Si tú mandas la lista de servicios y una descripción del salón, baja el costo. Si el proveedor tiene que sacarte la información en varias llamadas, sube.
Si tu salón es de un solo local, con una lista de servicios clara y fotos en el celular, estás en la parte baja de casi cualquier rango. Para ver un precio ya publicado, sin cotizar, puedes revisar la página para este giro.
Lo que debe venir incluido sí o sí
Hay cosas que no deberían ser «extras» en la página de un salón. Si una cotización no las trae, pregunta por qué.
Servicios con precio, o al menos «desde»
Entendemos que un tinte no cuesta lo mismo en cabello corto que en cabello a la cintura. Para eso existe el «desde»: «Balayage desde $X», con una línea que diga que el precio final depende del largo y del estado del cabello.
Lo que no funciona es la lista de servicios sin ningún número. La clienta no sabe si eres para ella y, en lugar de preguntar, se va. Pedir «precio por inbox» filtra a la gente equivocada: a la que tenía ganas de venir.
Fotos reales de tu trabajo
Tu trabajo es lo que vendes. Las fotos de banco, con modelos que nadie ha visto en tu colonia, no convencen a nadie. Sirve más un antes y después tomado con buena luz en tu propio sillón, con permiso de la clienta.
La página debe dejarte un espacio para una galería que puedas ir cambiando. Un corte que hiciste hace tres años no dice mucho de lo que haces hoy.
Cita por WhatsApp
Un botón visible, en todas las pantallas, que abra WhatsApp con un mensaje ya escrito: «Hola, quiero agendar una cita para…». La clienta solo completa el servicio y lo manda. Tú recibes mensajes que ya dicen qué quieren.
Si tienes varias estilistas o sucursales, que cada botón vaya al número correcto.
Enlace a tu Instagram
Para un salón, Instagram es el portafolio que se actualiza solo. La página no lo sustituye: lo complementa. Pon el enlace a la vista, y que el Instagram también tenga el enlace a la página en la biografía. Así la clienta que llega por un lado encuentra el otro.
Dirección, mapa y horario
Parece obvio y muchas páginas lo esconden en el pie. Tu horario de los sábados y cómo llegar deben estar donde se vean sin buscar.
Qué preguntar antes de contratar
Antes de pagar un anticipo, pide que te contesten esto por escrito, aunque sea en un mensaje:
- ¿Puedo cambiar yo los precios y las fotos, o tengo que pedírtelo? Los precios de un salón se mueven cada año, cuando sube el tinte o el acrílico. Necesitas saber cómo se hace ese cambio y si se cobra.
- ¿A nombre de quién queda el dominio? Debe quedar a nombre de tu negocio o a tu nombre. No del proveedor.
- ¿Cuánto cuesta el segundo año, con número? Hosting, dominio y lo que haga falta para que la página siga en línea.
- ¿Qué pasa si quiero irme? Qué te entregan, en cuánto tiempo y si tiene costo.
- ¿En cuántos días queda lista y qué necesitas de mí? Si el plazo depende de que tú mandes fotos y textos, mejor saberlo desde el principio.
Un proveedor serio contesta esto sin problema. Si alguna respuesta es «eso lo vemos después», tómalo como respuesta.
Lo que se encarece después
La cotización inicial casi nunca es el problema. El problema llega en el mes trece o en el primer cambio que pides. Estas son las cosas que conviene revisar con lupa:
La renovación anual. Muchas cotizaciones incluyen hosting y dominio «el primer año». Está bien, siempre que sepas cuánto cuesta el segundo. Si no está escrito, puede llegar un cobro que no esperabas o, peor, la página se apaga un lunes y te enteras porque una clienta te lo dice.
El dominio a nombre del proveedor. Si el dominio de tu salón está registrado a nombre de quien te hizo la página, no es tuyo. Si se pelean, si cierra o si deja de contestar, recuperarlo puede costarte semanas. Pide ver el registro y que aparezca tu nombre o el de tu negocio.
Los cambios cobrados aparte. Subir la lista de precios nueva, cambiar el horario de diciembre, agregar a la estilista que acaba de entrar. Son cambios chicos y en un salón pasan seguido. Si cada uno se cobra por separado, al final del año pueden sumar más que la página. Pregunta cuántos cambios entran sin costo y qué cuenta como «cambio».
Contratos que no te dejan cancelar. Algunos planes mensuales amarran un plazo mínimo de uno o dos años, con penalización si te sales antes. Otros te dejan cancelar, pero la página «es del proveedor» y se la queda. Lee la cláusula de cancelación antes de firmar y pregunta qué te llevas el día que te vas.
Sistemas de citas con su propia mensualidad. Si te ofrecen agenda en línea, pregunta si ese sistema es de un tercero y cuánto cobra al mes. A veces la página es barata y el sistema de citas no.
Ninguna de estas cosas es mala por sí misma. Una mensualidad puede tener sentido si incluye los cambios que vas a pedir. Lo que conviene evitar es enterarte de ellas después de pagar.
Antes de decidir
Junta tu lista de servicios con precios «desde», diez fotos buenas de tu trabajo y tu horario. Con eso cualquier proveedor te puede dar una respuesta concreta, y tú puedes comparar cotizaciones por lo mismo. Si quieres darte una idea con algo visual antes de hablar con nadie, en cheapweb puedes ver cómo quedaría tu sitio.