Cuánto cuesta una página web para un restaurante y qué debe incluir

Qué sube o baja el precio de la página de tu restaurante, qué debe traer sí o sí y qué preguntar para que no te cobren de más el segundo año.

Dueña de una fonda revisando el menú de su restaurante en el celular, junto a la barra con platos recién servidos

Una página web para restaurante parece sencilla: el menú, la dirección, un teléfono. Por eso desconcierta que dos cotizaciones para lo mismo traigan precios muy distintos y que ninguna explique bien qué incluye.

La diferencia casi nunca está en el diseño. Está en lo que el sitio tiene que hacer, en quién lo va a actualizar y en lo que te cobran después de entregarlo. Aquí va lo que conviene revisar antes de pagar.

Qué hace que el precio suba o baje

Dentro del mismo giro hay restaurantes que necesitan cosas muy distintas. Cada una de estas mueve el precio.

Pedidos en línea con pago. Si quieres que el cliente arme su pedido, pague con tarjeta y tú lo recibas en cocina, ya no es una página: es un sistema. Cuesta más hacerlo y cuesta más mantenerlo. Una taquería en Puebla que ya vende por apps de reparto y por teléfono quizá no lo necesita. Una cocina que vive solo de pedidos a domicilio, sí.

Reservaciones con calendario. Un botón que abre WhatsApp con el mensaje «Quiero reservar para 4 el sábado» es sencillo. Un calendario que muestra mesas disponibles y manda confirmación es otro proyecto.

Cuántas sucursales tienes. Tres locales con horarios distintos, menús que cambian por zona y un mapa para cada uno requieren más trabajo que un solo local.

Idiomas. Una marisquería en Puerto Vallarta con muchos turistas quizá necesite el menú en inglés. Eso es traducir, y además mantener las dos versiones al día cuando cambias un precio.

Qué tan seguido cambias el menú. Si subes precios dos veces al año, pesa poco. Si tienes platillo del día o menú de temporada, necesitas poder editarlo tú o tener a alguien que lo haga rápido. Eso se nota en el precio y, si hay mensualidad, también ahí.

Fotos. Si ya tienes buenas fotos de tus platillos, te ahorras esa parte. Si hay que tomarlas, cuéntalo aparte.

Lo que no debería subir mucho la cuenta, aunque a veces lo vendan así: animaciones, efectos al bajar la página, un «diseño exclusivo». A quien busca dónde comer cerca le importa encontrar tu menú y tu dirección.

Lo que debe venir incluido sí o sí

Antes de comparar precios, revisa que cada cotización traiga esto. Si a una le falta algo, no estás comparando lo mismo.

El menú como texto, no en PDF

El PDF del menú es la forma rápida de salir del paso, y en el celular estorba. El cliente tiene que descargarlo, hacer zoom con dos dedos y moverse de lado a lado para encontrar un precio. Google tampoco lo lee bien, así que si alguien busca «pozole cerca de mí» en Guadalajara, tu pozole puede no aparecer.

El menú tiene que estar escrito en la página: nombre del platillo, una descripción corta y el precio. Así se lee en cualquier pantalla y se actualiza sin volver a diseñar un archivo.

Horarios visibles y correctos

Arriba, sin tener que buscarlos. Incluye los días que cierras y el horario de cocina si es distinto al del local. Si en días festivos cambias, la página tiene que poder decirlo. Un horario equivocado manda a alguien a tu cortina cerrada, y esa persona ya no le cree a tu página.

Mapa y cómo llegar

Un mapa que abra Google Maps o Waze con un toque. Si hay estacionamiento, dilo. Si la entrada está por la calle de atrás, también. Pon la dirección escrita además del mapa, para quien la quiera copiar y mandar a su familia.

Una forma clara de reservar o avisar

Lo mínimo es un botón de WhatsApp y otro para llamar, los dos visibles en el celular sin bajar mucho. Si aceptas reservaciones, que el mensaje ya vaya armado con lo que necesitas saber: cuántas personas, qué día y a qué hora.

Que se vea bien en el celular

Tus clientes van a abrir la página desde el teléfono, muchas veces en la calle y con poca señal. Antes de aceptarla, ábrela en tu propio celular. Si tarda en cargar o tienes que hacer zoom para leer, no está terminada.

Qué preguntar antes de contratar

Estas preguntas se contestan en un minuto. Si el proveedor da vueltas, eso ya es una respuesta.

  1. ¿El menú lo puedo cambiar yo o cada cambio te lo pido a ti? Si es lo segundo, pregunta cuánto tardan y si tiene costo.
  2. ¿A nombre de quién se registra el dominio? Debe quedar a nombre de tu negocio o tuyo.
  3. ¿Cuánto cuesta el segundo año, con todo? Hosting, dominio, correos y certificado de seguridad. El número exacto, no «ya lo vemos».
  4. ¿Qué pasa si quiero cancelar? Con cuánto aviso, si hay penalización y qué te llevas.
  5. ¿Me enseñas un restaurante que ya tengas en línea? Ábrelo en tu celular ahí mismo.

Dónde se encarece después

El precio de entrada suele ser claro. Lo que sube es lo que llega después, y por eso hay que leerlo antes de firmar.

La renovación anual. Muchas cotizaciones incluyen dominio y hosting «el primer año». En el mes trece llega el cobro, a veces más alto de lo que esperabas. Y si el aviso no llega, el sitio se apaga y te enteras porque un cliente te dice que tu página no abre.

El dominio a nombre del proveedor. El dominio de tu restaurante queda registrado en la cuenta de quien hizo la página. Mientras la relación va bien, no notas nada. Si quieres cambiarte o el proveedor deja de contestar, recuperarlo puede tardar semanas, y mientras tanto tu dirección web no es tuya.

Cambios cobrados aparte. Subir el precio de la orden de tacos, poner el horario de diciembre, agregar el menú de cuaresma. Si cada cambio se cotiza por separado, un restaurante que mueve su menú seguido puede acabar pagando más en cambios que en la página. Pregunta qué cambios entran sin costo y cuántos al mes.

Contratos que no te dejan salir. Algunos planes mensuales te amarran por un plazo largo, con penalización si cancelas antes. Otros te dejan ir, pero el sitio se queda con ellos. Lee la cláusula de cancelación con la misma atención que el precio.

Lo que dabas por incluido. El botón de WhatsApp, el mapa, el menú en texto. Si la cotización no los menciona por nombre, pregunta. Lo que no está por escrito se puede cobrar después.

Haz la cuenta a tres años, no al día de la entrega. Una cafetería en Querétaro que paga poco al inicio, luego paga cada cambio de menú y además una renovación sorpresa, puede gastar más que con un plan mensual que ya incluya cambios. Y al revés: una fonda en Oaxaca con el mismo menú desde hace años quizá no necesita mensualidad.

Cómo comparar dos cotizaciones

Ponlas lado a lado y busca lo mismo en las dos: menú en texto o en PDF, quién hace los cambios, cuánto cuestan el segundo y el tercer año, a nombre de quién queda el dominio y cómo se cancela. Si una no contesta alguno de estos puntos, pídeselo por escrito antes de decidir.

Desconfía también de la cotización inflada con funciones que no vas a usar. Una fonda de veinte mesas no necesita app propia ni programa de puntos. Paga por lo que tus clientes van a usar desde el celular.

Si quieres un precio publicado para comparar con lo que te cotizaron, revisa la página para este giro.

Antes de firmar con quien sea, abre tu menú actual en el celular y piensa si alguien con hambre lo entendería en diez segundos. Si quieres ver cómo se vería el de tu restaurante, en cheapweb puedes ver cómo quedaría tu sitio antes de decidir.