Cuánto cuesta la página web de un consultorio dental y qué debe incluir
Qué sube o baja el precio del sitio de un consultorio dental, qué no puede faltar y qué preguntar antes de firmar para no pagar de más el segundo año.
Antes de llegar a tu consultorio, un paciente nuevo casi siempre te busca primero. Escribe «dentista cerca de mí», abre tres resultados y en un par de minutos decide a quién le manda mensaje. Lo que ve en tu página en ese rato pesa más que el letrero de la calle.
Por eso conviene saber qué estás pagando cuando te cotizan un sitio y qué deberías recibir a cambio. Aquí no vas a encontrar un rango de precios del mercado, porque cambia cada año y cada proveedor lo arma distinto. Si quieres un precio publicado para comparar, el nuestro está en la página para este giro. Lo que sigue te sirve para revisar esa cotización o cualquier otra.
Qué hace que el precio suba o baje
Dos consultorios pueden pedir «una página web» y recibir cotizaciones muy distintas. La diferencia casi siempre sale de estas preguntas:
- ¿Cuántos doctores van a aparecer? Un odontólogo general que trabaja solo no es lo mismo que una clínica con ortodoncista, endodoncista y periodoncista. Cada perfil lleva foto, texto y cédula, y a veces su propia agenda.
- ¿Cuántos tratamientos vas a explicar? Una lista de nombres se arma rápido. Una página por tratamiento, que explique en qué consiste y cuántas citas lleva, es más trabajo de escritura que de diseño.
- ¿Cómo se agenda la cita? Un botón que abre WhatsApp con un mensaje listo es sencillo. Un sistema donde el paciente elige día y hora, conectado al calendario de cada doctor, ya es otro proyecto.
- ¿Tienes más de una sucursal? Cada una necesita su propia dirección, mapa, horario y teléfono.
- ¿Atiendes pacientes de Estados Unidos? En Tijuana o Ciudad Juárez muchos consultorios necesitan el sitio en inglés. No basta con traducirlo. Hay que escribirlo para alguien que te está comparando con su dentista en San Diego.
- ¿Quién pone las fotos y los textos? Si tú los entregas, el precio baja. Si el proveedor tiene que ir al consultorio a tomar fotos o escribir cada tratamiento desde cero, sube.
Ninguna de estas cosas es un lujo. Pero vale la pena separar lo que necesitas hoy de lo que puede esperar a que el sitio ya esté funcionando.
Lo que debe venir incluido, sí o sí
Cada doctor con nombre, especialidad y cédula
Si alguien te va a dejar hacerle una endodoncia, quiere saber quién eres. Pon nombre completo, una foto real, la especialidad, dónde estudió y el número de cédula profesional. La cédula se puede consultar en el Registro Nacional de Profesionistas de la SEP, y hay pacientes que la revisan antes de llamar.
Además, el artículo 83 de la Ley General de Salud pide que los profesionales de la salud incluyan su número de cédula en la publicidad que hacen de sus servicios. Tu página web es publicidad. Si te entregan un diseño «limpio» donde no aparece ninguna cédula, pide que la agreguen.
Tratamientos explicados con las palabras del paciente
«Rehabilitación oral integral» no le dice nada a alguien que tiene una muela rota. Cada tratamiento debería contestar lo que el paciente pregunta en la primera cita: qué es, si duele, cuántas visitas lleva y qué cuidados hay después. Si decides publicar precios, van aquí. Si no, por lo menos aclara si la valoración tiene costo.
Ojo con las promesas. Una frase como «sonrisa perfecta garantizada» o fotos de antes y después sin explicación pueden meterte en problemas con COFEPRIS, que regula la publicidad de servicios de salud. Describe el tratamiento, pero no prometas el resultado.
Cita por WhatsApp, a un toque
A mucha gente le da nervio ir al dentista y prefiere escribir antes que llamar. En el celular, el botón de WhatsApp tiene que verse en todas las páginas y abrir el chat con un mensaje ya escrito, algo como «Hola, quiero agendar una valoración». Y el número tiene que ser uno que alguien conteste en horario de consulta, no el celular personal del doctor que revisa en la noche.
Fotos reales del consultorio
Las fotos de banco con una sonrisa blanquísima sobre fondo blanco salen en cientos de sitios dentales, y el paciente ya las reconoce. Lo que da confianza es ver tu sillón, tu sala de espera, tu equipo y la fachada, para saber dónde estacionarse. Si la propuesta viene llena de fotos de stock, pregunta cuándo se cambian por las tuyas y quién las toma.
Tampoco pueden faltar la dirección con mapa, el horario real (incluido el sábado, si abres) y las formas de pago. Si aceptas seguros de gastos médicos, dilo.
Qué preguntar antes de firmar
Lleva estas preguntas a cualquier cotización y pide las respuestas por escrito:
- ¿A nombre de quién queda el dominio? Tiene que estar a nombre del consultorio o a tu nombre.
- ¿Cuánto cuesta el segundo año, exactamente? Hosting, dominio y correos, con cifra, no «ya lo vemos».
- ¿Qué cambios están incluidos y cuánto cuesta uno que no lo esté? Piensa en casos reales: entra una ortodoncista nueva, cambias el horario de diciembre, subes el precio de la limpieza.
- ¿Puedo cancelar? ¿Con cuánto aviso y qué me llevo?
- Si el sitio deja de funcionar un lunes a las nueve, ¿a quién le escribo?
Dónde se encarece después
El precio de arranque rara vez es el problema. Lo caro llega en el segundo o tercer año, en partes que la cotización no dejó claras.
La renovación anual. Muchas cotizaciones incluyen hosting y dominio solo el primer año. Si no está escrito cuánto cuesta renovar, en el mes trece te puede llegar una cifra que no esperabas o, peor, nada: el sitio se apaga y te enteras cuando un paciente te dice que no pudo abrirlo.
El dominio a nombre del proveedor. Imagina un consultorio dental en Monterrey que después de cuatro años quiere cambiar de proveedor. Descubre que el dominio está registrado en la cuenta de la persona que hizo el sitio. Para recuperarlo necesita encontrarla y que quiera cooperar. Mientras tanto, el nombre que aparece en sus tarjetas y en Google no es suyo.
Los cambios cobrados aparte. Un consultorio cambia más de lo que parece: llegan doctores nuevos, se van otros, hay promociones de blanqueamiento en temporada, se cierra en Semana Santa. Si cada ajuste se cotiza por separado, terminas dejando información vieja en la página porque no vale la pena pagar por cambiar un horario. Y un paciente que llega un sábado a un consultorio cerrado no vuelve.
Los contratos que no te dejan salir. Algunos planes mensuales tienen permanencia mínima o penalización por cancelar. Otros te dejan ir sin multa, pero el sitio vive en su plataforma y no te puedes llevar nada. Lee la cláusula de salida antes que la de precios.
Hay señales que conviene tomar en serio: una cotización sin la renovación escrita, un «nosotros manejamos el dominio para que no te preocupes» o un «los cambios los vamos viendo». Ninguna quiere decir que el proveedor sea malo. Lo que sí te dicen es que ese costo lo vas a descubrir después.
Antes de decidir
Junta dos o tres cotizaciones, hazles las mismas cinco preguntas y compara las respuestas, no solo el total. Si quieres algo concreto contra qué comparar, en cheapweb puedes ver cómo quedaría tu sitio y revisar nuestros precios con esta misma lista en la mano.